"Lo despertó una idea inesperada que irrumpió en medio del sueño, de un modo tan fulminante que no dio tiempo a que un sueño se tejiese con ella, la idea de que la tal mujer desconocida, la de la ficha, fuese en resumidas cuentas aquella que él había oído meciendo al niño, la del marido impaciente, en ese caso su búsqueda habría terminado, estúpidamente terminado, en el preciso instante en que debería comenzar. Una angustia repentina le apretó la garganta, mientras la razón afligida intentaba resistir, quería que él mostrase indiferencia, que dijese, Mejor así, menos trabajo tendré, pero la angustia no desistía, continuaba apretando, apretando, y ahora era ella quien le preguntaba a la razón, Y él qué hará, si ya no puede realizar lo que pensaba, Hará lo que siempre ha hecho, coleccionará recortes de periódicos, fotografías, noticias, entrevistas, como si no hubiese sucedido nada, Pobrecillo, no creo que lo consiga, Por qué, La angustia, cuando llega, no se va fuera con esa facilidad, Podrá escoger otra ficha y luego ponerse a buscar a esa persona, El azar no escoge, propone, fue el azar quien le trajo la mujer desconocida, sólo al azar le compete tener voto en esta materia, No le faltan desconocidos en el fichero, Pero le faltan los motivos para escoger a uno de ellos y no a otro, uno de ellos en particular y no uno cualquiera de todos los otros, No creo que sea buena regla de vida dejarse guiar por el azar, Buena regla o no, conveniente o no, fue el azar quien le puso en la manos aquella ficha, Y si la mujer fuera la misma, entonces el azar sería ése, Sin otras consecuencias, Quiénes somos nosotros para hablar de consecuencias, si de la fila interminable que incesantemente camina en nuestra dirección apenas podemos ver la primera, Significa eso que algo puede suceder todavía, Algo, no, todo, No comprendo, Vivimos tan absortos que no reparamos en que lo que nos va aconteciendo deja intacto, en cada momento, lo que nos puede acontecer, Quiere eso decir que lo que puede acontecer se va regenerando constantemente, No sólo se regenera como se multiplica, basta con que comparemos dos días seguidos, Nunca pensé que fuese así, Son cosas que sólo los angustiados conocen bien.
Como si la conversación no fuese con él, don José daba vueltas en la cama sin conciliar el sueño, Si la mujer es la misma, repetía, si después de todo la mujer es la misma, rompo la maldita ficha y no pienso más en el asunto. Sabía que estaba intentando encubrir la decepción, sabía que no soportaría regresar a los gestos y a los pensamientos de siempre, era como si hubiese estado a punto de embarcar para descubrir la isla misteriosa y en el último instante, ya con un pie en la plancha, apareciese alguien con un mapa abierto, No vale la pena que partas, la isla desconocida que querías encontrar está aquí, observa, tanto de latitud, tanto de longitud, tiene puertos y ciudades, montañas y ríos, todos con sus nombres e historias, es mejor que te resignes a ser quien eres."
"Uno está libre en el Cementerio. Detrás del mausoleo la cosa es más dramática que en la escalera de mármol reconstituido. Se extiende una planicie de tumbas cada vez más anónimas. Son como gradas, cuidadosamente degradadas. Inmediatamente detrás hay unos corrales de madera, no todos son de palo, hay algunos de barras de fierro, hay otros de latón, más frágiles, más débiles que la madera; encuentro que estos corrales son amables y podría haber un juguete enterrado ahí, tranquilo. Más atrás comienzan las tumbas que tienen una cruz clavada al suelo, clavada es mucho decir, hay algunas torcidas y otras vacilantes. Más allá, pero apenas veo, se levanta siempre un vapor confuso en los cementerios a ras de suelo, hay tumbas vagas, sin forma, donde están enterradas las personas de las que nada se sabe. Pero más allá todavía (y esto no lo supe sino mucho tiempo después, cuando la curiosidad y la adolescencia me hicieron investigar los límites últimos del Cementerio), hay una pared. ¡Terrible pared!, porque detrás se encuentra eso que uno ha oído nombrar pero no debe mirar: la fosa común. Es un gran terreno baldío limitado por tapias de ladrillos, mal cuidados los ladrillos, pues puedo mirar por un hueco más abierto, como de papel de diario cortado con tijeras, y se ven huesos dispersos, no es ni siquiera una fosa, es un amontonamiento de restos inútiles, hay tarros y tablas, cajones desventrados con sus clavos al aire, cráneos, fémures (ya estoy en sexto de Humanidades y sé la palabra), costillas, fibras de huesos y pedazos, masas, charcas líquidas de cuerpos, ¿serán cuerpos?, hay cartuchos de papel como de fruta, pero de ellos salen racimos de cosas que parecen nervios y no fruta."
Armando Uribe. “Caballeros de Chile”.
"No te amo, amo los celos que te tengo,
son lo único tuyo que me queda,
los celos y la rabia que te tengo,
hidrófobo de ti me ahogo en vino.
No te amo, amo mis celos, esos celos
son lo único tuyo que me queda.
Cuando desaparezca en esos cielos
de odio te ladraré porque no vienes."
Armando Uribe (via pensamientosdeporcelana)
♥ ♥ ♥
13Deja la pluma, dobla la hoja, la mete en un sobre. Se levanta, coge de su baúl una caja de caoba, levanta la tapa, deja caer la carta en su interior, abierta y sin señas. En la caja hay centenares de sobres iguales. Abiertos y sin señas.
Bartleboom tiene treinta y ocho años. Él cree que en alguna parte, por el mundo, encontrará algún día a una mujer que, desde siempre, es su mujer. De vez en cuando lamenta que el destino se obstine en hacerle esperar con obstinación tan descortés, pero con el tiempo ha aprendido a pensar en el asunto con gran serenidad. Casi cada día, desde hace ya años, toma la pluma y le escribe. No tiene nombre y no tiene señas para poner en los sobres, pero tiene una vida que contar. Y ¿a quién sino a ella? Él cree que cuando se encuentren será hermoso depositar en su regazo una caja de caoba repleta de cartas y decirle
—Te esperaba.
Ella abrirá la caja y lentamente, cuando quiera, leerá las cartas una a una y retrocediendo por un kilométrico hilo de tinta azul recobrará los años —los días, los instantes— que ese hombre, incluso antes de conocerla, ya le había regalado. O tal vez, más sencillamente, volcará la caja y, atónita ante aquella divertida nevada de cartas, sonreirá diciéndole a ese hombre
—Tú estás loco.
Y lo amará para siempre.
NI PENA NI MIEDO, desierto de Atacama 3,15 kms de longitud, Autor Raul Zurita, Google Earth 24°2’49”S 70°26’43”W
No me quiero hacer la víctima
A lo sumo estoy cómodamente tendido sobre la piedra
de los sacrificios
y un tipo que se limpia las uñas con un cuchillo
me dice ¿qué es de tu vida?
¿No te parece que sobra?
"No estábamos enamorados, hacíamos el amor con un virtuosismo desapegado y crítico, pero después caíamos en silencios terribles y la espuma de los vasos de cerveza se iba poniendo como estopa, se entibiaba y contraía mientras nos mirábamos y sentíamos que eso era el tiempo."




